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Sinopsis

SINOPSIS SUEÑO DE NUBES
El protagonista es Francisco Sornoza, nacido el primero de enero de 1900, hijo de un aserrador y carbonero que vivía a las afueras de Bogotá en un pueblo de la sabana, de donde viajó a la ciudad con el fin de encontrar trabajo y ayudar a sus padres con su pesada economía. En aquél tiempo Colombia era un país al que ni siquiera tenía un himno nacional, una isla en la tierra recién salida del agua, un país con una identidad cuarteada por las travesuras caprichosas de las insufribles montañas de los Andes. En un momento de estabilidad emocional tanto de la tierra como del sol, en Bogotá elevaban globos que Francisco no pudo ver porque estaba lejos del lugar en donde los manipulaban, pero si se percató del resplandor que le causó ver en pleno vuelo, uno que se levantaba por encima de los techos rojizos de greda de las casas de la provinciana Bogotá. Francisco sin darse cuenta se había contagiado de esa fiebre perniciosa que sólo les da a ciertos espíritus faltos de perspectivas en la recaudación de hacienda, pero a quienes el gusanillo del vuelo les sale tan fácil que no sólo es factible que canten como pájaros, sino que piensan como ellos. Con el vuelo de los globos y la vista del avión Breliot que dos empresarios bogotanos exhibieron en el Parque de la Independencia con motivo de la celebración del centenario de la Emancipación de Colombia, desde ese día el interrogante que lo acosó como un tábano a las vacas, sería saber cómo podría sostenerse en el aire algo más pesado que él mismo, sobre todo las armatostes de madera. Desde ese momento, su único deseo fue averiguar cómo se vería el mundo desde arriba.
Un tiempo después, regresó a la ciudad y comenzó a trabajar a la edad de 13 años en un almacén de paños ubicado en plena Plaza de Bolívar, comenzando con labores de mantenimiento y barriendo del frente del almacén los excrementos de los caballos, mulas y burros que allí se estacionaban amarrados a postes usados como estacas. Este trabajo lo combinó con las labores de voceador de periódico entre las cuatro y las nueve de la mañana, todos los días. Logró ascender poco a poco en el almacén hasta alcanzar el empleo de vendedor de mostrador. En el mismo sentido acumuló saber y condición avanzada en la lectura, pues lo primero que hacía antes de entregar el periódico era leerlo. La lucidez que encontró en los relatos del diario, le alimentaron su capacidad de abstracción, logrando como nadie hacerse conocido de los banqueros y señores feudales de la entonces Bogotá, a quienes resultó atendiendo como vendedor de paños, porque cachaco que se respetara mandaba hacer sus vestidos sobre medidas. En los periódicos y revistas encontró la suficiente información sobre la aviación que en todo el mundo era incipiente y peligrosa; sin presiones pasionales venidas de otros lugares que no fuera su propio yo, fijó su norte en la aviación.A la casa de Hilda, donde vivía, llegó una sobrina de ella, llamada Vitalia de quien, como impacto imperecedero, se enamoró perdidamente; no obstante, para hacerse a su amor, debió sortear una fuerte enemistad que crecía con el tiempo con Ulpiano, un donjuan que no respetaba a nadie en la familia, a pesar de ser el tío del primer amor de Francisco.
Con la pericia como vendedor llegó a ser el mejor en el mostrador y por eso mereció el ascenso a vendedor mayorista; pero ahí encontró enemigos que se le opusieron de manera asquerosa en un negocio gigante en el que él debía venderle una gran cantidad de paños y telas al Ejército nacional, sin que lo lograra finalmente. Hubo muchos que se aprovecharon de su inexperiencia y el fracaso fue estruendoso, y todos sus enemigos se amangualaron, haciéndolo quedar en ridículo, y por esta razón fue echado de la compañía.
Como consuelo le quedaba haber encontrado el amor de su vida y este lo esperaba en la casa. Desocupado como estaba y con la pobreza que lo afectaba como saltador sin ley, logró hacerse amigo de Anselmo, un joven mandadero que trabajaba como aseador en el taller de Carlos Padilla, un hombre que en la localidad de Chapinero, construía –por pedido del Ejército- un remedo de avión tipo Morane, francés bastante conocido en el entonces. Allí entró a trabajar también como aseador, pero pronto su condición y conocimiento le dieron para que se convirtiera en la mano derecha de Carlos Padilla, quien ya no lo empleaba como un simple todero sino como curtidor y madurador de maderas propias para el ensamble de aviones. Entrado en confianza con el señor Padilla, éste le pidió que se fuera a vivir al taller para que dejara de perder tiempo viajando desde el centro de la ciudad en donde seguía viviendo con Vitalia con quien a pesar de querer tener un hijo, todavía no engendraba uno. Francisco Sornoza aceptó de muy buena gana venirse a vivir; pero como en la comunidad que se agrandaba y vivía en Chapinero, se preciaba de ser la más selecta en clase y categoría de la ciudad, no vieron bien que un pobre fuera arropado en una casa de este nivel; por esta razón, y como se sabía que Francisco y Vitalia no eran casados, esto causó revuelo en el barrio, y por el amancebamiento fueron echados del lugar. Con lo que no contaba Francisco fue con el respaldo tan inusitado que recibió del señor Padilla.
Todo cambió y giró en contra de Padilla y por ende de Francisco cuando el gobierno decidiera no seguir financiando este proyecto, por lo que se quedó sin empleo de nuevo. En ese momento en el que Bogotá fue atacada por la virulenta fiebre española que alcanzó a Vitalia, siendo una de sus víctimas. El mismo Francisco se aferró al féretro de su amada cuando esta iba a ser enterrada en una fosa común a donde descansaban todos aquéllos que cayeron víctimas de enfermedad tan espantosa.
Así sin futuro, sin ver un porvenir certero ni una proa que debiera seguir, Francisco decide viajar a Barranquilla, enterado como estaba por los amigos del señor Padilla de que hasta allí viajaría un aviador gringo que había sido contactado por Obregón en New York, un amigo íntimo del señor Padilla.Francisco haciendo cuentas de lo que sumaban sus gastos desde Bogotá hasta Girardot en tren, previó que podría hacerlo en mula ahorrándose una suma no despreciable, que le serviría más adelante para soportar los embates de viajar por el peligroso río Magdalena, y sí, fue una proeza impresionante que le tomaría casi dos meses hasta llegar a su destino final en Barranquilla.

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