W Knox Martin Curtiss Bolivar

Curtiss JN-4 “Jenny”

Después de dos semanas largas de “intenso camello”, como decían en la costa, la máquina voladora estuvo plenamente ensamblada. Al realizar las primeras pruebas de vuelo, el 10 de junio, nos dimos cuenta de que la gasolina que se vendía en Colombia no tenía el octanaje necesario para mantener el avión con suficiente fuerza en el aire.
Después de estudiar el caso con cuidado, intuí que si la potencia del motor, con este tipo de combustible, solo se reducía de 80 a 70 caballos, el avión contaría con la suficiente potencia de vuelo para mantenerse a flote en la azul atmósfera barranquillera. Estábamos listos pues, a mi entender, para realizar la prueba reina: volar desde Puerto Colombia hasta Barranquilla.
Al tiempo, arribaron a nuestro taller tres hombres vestidos de paño blanco y corte de última moda, con sombrero blanco y encintado de negro, que por la igualdad de sus prendas, parecían uniformados. Uno de ellos, al entrar en contacto con míster Knox, le entregó un sobre grueso, que el gringo guardó rápidamente en el bolsillo interno de su chaqueta.
Otro, amablemente, agarró al míster de un brazo, llevándoselo lejos de nosotros. Después de más de cinco minutos tensos de conversación, se armó un altercado violento. Míster Knox, comenzó a vociferar a grito herido en su ya consabido tono castellano-inglés:
—Yo no estar seguro con gasoil. Mi estar preocupado por potencia de máquina.
Al final, el más alto y delgado le manoteó, advirtiéndole y señalándolo con el dedo y diciéndole en tono casi ofensivo:
—Mire, señor Knox, todo el dinero que se ha invertido en esto no se puede perder. Así que cumpla con el contrato que firmamos y todos contentos. ¿Comprendido? —Dicho esto, Knox asintió y regresó a la calma.
Todos quedamos en silencio, el cual fue interrumpido por el hombre que no había pronunciado palabra durante la discusión:
—A mí no me joñen, yo puse un montón de barras y no me voy a dejá jodé. El vuelo se hace porque se hace, no joda. Y si ejtá previjto para el 14 de este me pues es pá ese día y punto. No se hable má.
Pero Knox, bastante contrariado, advirtió:
—Si yo no tener el gasoil, ¡no volar!
Knox me advirtió que la falta de octanaje en la gasolina hacía bajar el rendimiento del motor, lo que a la larga representaba un peligro latente, pues en cualquier momento la máquina se podía descompensar y venirse a tierra. Pero el problema era que se había invertido en publicidad para que a la ciudad acudieran personas de los rincones más apartados de la región y se tenía noticia de que muchas de ellas llevaban caminando una semana con el fin de asistir al vuelo inaugural en el día señalado.
Mr. Knox, aparentemente imperturbable después de semejante gritería, se volvió hacia nosotros sin mediar palabra, y al pie del avión se deshizo de su saco y sombrero, estrellándolos contra el cuerpo del aparato. Uno de sus ayudantes corrió a recogerlo, pero el míster le aulló para que no lo hiciera.

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