Monthly Archives: February 2013

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Gonzalo Mejía

Los antioqueños tienen la particularidad de ser muy generosos y entregados a los forasteros, y caí muy bien entre ellos. En el aeródromo de las Playas, se debían retomar trabajos de reparación de la pista con suma urgencia, dados los baches que surgieron a partir de que Medellín se había convertido en un centro de acopio de vuelos internacionales de aviones más modernos y de mayor capacidad de pasajeros, como los de la Umca, la compañía de la Pan American, dirigida por don Gonzalo Mejía. De igual modo la Saco, y la misma Scadta. Los trabajos debían culminarse antes del 20 de junio de ese año, por lo que contábamos con tiempo más que suficiente.

Gonzalo Mejía

Gonzalo Mejía

Me incomodé porque antes de partir hacia Antioquia, leí en el periódico de un viaje de promoción que realizaría a Bogotá un ídolo internacional representado en la figura de Carlos Gardel, el cantante consentido de la Paramount Pictures de Hollywood. Supe que haría una presentación en el teatro Olympia de Bogotá y que las entradas eran costosísimas.
Quería ir con Ann, quien por medio de la promoción de su música a través de la estación radial La Voz de la Víctor, y con su ya crecido conocimiento del español, se había vuelto una fanática imponderable de Gardel, el Zorzal Criollo o Turpial Tanguero. La ciudad y las páginas de los periódicos fueron embadurnadas con su imagen, siempre sonriente y mirando hacia arriba de sesgo. El furor se comparaba solo con el revuelo que causó, ya en tiempos idos, la figura de Knox Martin, cuando sobrevoló por primera vez el cielo bogotano, por allá por 1919.

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Barranquilla, 18 Junio de 1919

Como eran muy pocas cartas, no nos demoramos mucho poniéndole el matasellos. En las estampillas decía: “República de Colombia. Por un valor de dos centavos. 18 de junio de 1919”. Al hacer esto, Colombia se convirtió en el quinto país en el mundo y el primero en Centroamérica y Suramérica, que utilizó estampillas para legalizar y cobrar impuestos de timbre por transportar el correo; y Barranquilla fue el epicentro de tal acontecimiento. Ya eran las cinco de la tarde y la frescura de la atmósfera era deliciosa. No había fatiga. El avión estaba alineado al campo, y rodeado de gente que entusiasmada vio cómo don Mario Santodomingo abordaba el aparato, en compañía de míster Martin, quien antes de entrar en su cabina, parado en una de las alas me dijo: Continue reading

El Heraldo

12 de Diciembre de 2012 – 12:00 am
Una tertulia nostálgica por los 100 años de la aviación en Colombia
Tertulia EL HERALDO
La de ayer en EL HERALDO fue una amena charla entre viejos amigos que se reunieron para hablar de lo que más les apasiona: la historia de la aviación en Colombia que hoy hace 100 años nació en Barranquilla.

Alrededor de la tradicional Tertulia estaban Knox Martin Jr, hijo del pionero de la aviación comercial, William Knox Martin; a su lado estaban su amigo de varias décadas, el capitán Enrique Ortega, coautor de ‘Sueños de Nubes, Los Caballeros del Aire’ y Jaime Cortissoz, nieto de Ernesto Cortissoz, el hombre clave para que desde la Puerta de Oro despegara Knox Martin hacia Puerto Colombia. Continue reading

El Espectador

Actualidad |22 Sep 2012 – 9:00 pm

‘Sueño de nubes. Los caballeros del aire’
El aterrizaje de ‘el intrépido’
Por: Enrique Ortega Bonilla José Dionel Benítez R. / Especial para El Espectador /
Un libro editado en EE.UU. y que será publicado en Colombia a finales de año, revela los archivos personales del primer piloto que sobrevoló el centro del país, el norteamericano William Knox Martin. Fragmento.
Knox Martin en Bogota

Fui recibido por los empresarios que organizaban la venida de El Intrépido. Hablamos sobre casos concretos para organizar el campo de aterrizaje. Entendido esto, fui directamente a la Estación de la Sabana, donde había dejado mis tulas con el menaje y accesorios necesarios para organizar el aterrizaje.
Llevaba las banderas rojas usadas para delimitar la pista, la pintura, las brochas, un pequeño lanzallamas específico para cortar los montículos de pasto donde por lo general anidaban miles de avispas o abejones. Cuatro de los empresarios viajaron en su propio carro y sólo dos me acompañaron en caballos hasta una finca en el pueblo de Fontibón donde, ya oscuro, sólo pude reconocer la zona y desmontar las herramientas. Luego de esto, pedí que me prestaran la andancia para dirigirme hasta la casa de mi padre, a lo que no se negaron.
Algo en mí se contuvo antes de llegar a la vivienda, algo me obligó a detener el potranco antes de arrimarme a la casa de muros de tapia pisada.
Divisé la silueta de la morada en medio de la noche, pues ésta se dibujaba perfecta gracias a su contraste con el cielo claro. Continue reading

Francisco E Ortega

Francisco Enrique Ortega

Francisco Enrique Ortega Bonilla
Nació en Bogotá, en una familia de literatos e historiadores. El autor mantuvo el secreto
de ser un escritor perfilado, encubriendo esta virtud en su trabajo de toda la vida: la aviación, su profesión por más de 30 años. Su íntima experiencia de volar la supo combinar, asumiendo grandes retos, con el difícil arte de escribir, en una búsqueda espiritual que le ayudara a desenmarañar el dilema de “para qué vive el ser humano”. Su oportunidad única de recorrer el planeta durante tantos años, conociendo gente tan diversa y extraña a veces, le amplió la sensibilidad para entender el comportamiento del hombre. Ese entender fue su tesoro más preciado y el motor que le avivó la mente por días enteros, y que ahora plasma sin reparos en su ópera prima, Sueño de nubes, Los caballeros del aire, novela en la que muestra una escritura suave y generosa. Esto lo logró luego de abandonarse por completo, a resolver las inquietudes esenciales que tanto lo importunaron y le robaron días de descanso y de sueño. El esfuerzo valió la pena. Este es su primer escrito, que lo inaugura con fuerza, un duro trabajo realizado en compañía de su gran amigo y profesor José Dionel Benítez.

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José Dionel Benítez

José Dionel Benítez Rodríguez
Nació en Tuta, Boyacá, Colombia. Filósofo de la Pontificia Universidad Javeriana, comenzó la dura carrera de las letras en el año 2005, revisando archivos históricos pertenecientes al presidente de Colombia, Carlos Lemos Simmonds, trabajo de gran valor que lo llevó a ser seleccionado por el Instituto Caro y Cuervo, para que redactara la biografía del gobernante. En concurso abierto por el Ministerio de la Defensa Nacional, fue seleccionado para que escribiera sobre la creación de este ministerio por parte del presidente Guillermo León Valencia, en el periodo comprendido entre 1962-1966, tiempo en que puso fin a lo que coloquialmente se denominaba “Las Repúblicas Independientes”. Como director (e) de la Academia de Estudios Santanderistas, escribió una pequeña biografía del prócer colombiano Francisco de Paula Santander, editada también en inglés, y la biografía de don Francisco Javier Fernández Bello, industrial colombiano de comienzos del siglo XX.
Sueño de nubes, Los caballeros del aire es su primera novela escrita a cuatro manos en compañía del gran escritor y creador Francisco Enrique Ortega, que hoy presentan al público para su deleite.

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Sinopsis

SINOPSIS SUEÑO DE NUBES
El protagonista es Francisco Sornoza, nacido el primero de enero de 1900, hijo de un aserrador y carbonero que vivía a las afueras de Bogotá en un pueblo de la sabana, de donde viajó a la ciudad con el fin de encontrar trabajo y ayudar a sus padres con su pesada economía. En aquél tiempo Colombia era un país al que ni siquiera tenía un himno nacional, una isla en la tierra recién salida del agua, un país con una identidad cuarteada por las travesuras caprichosas de las insufribles montañas de los Andes. En un momento de estabilidad emocional tanto de la tierra como del sol, en Bogotá elevaban globos que Francisco no pudo ver porque estaba lejos del lugar en donde los manipulaban, pero si se percató del resplandor que le causó ver en pleno vuelo, uno que se levantaba por encima de los techos rojizos de greda de las casas de la provinciana Bogotá. Francisco sin darse cuenta se había contagiado de esa fiebre perniciosa que sólo les da a ciertos espíritus faltos de perspectivas en la recaudación de hacienda, pero a quienes el gusanillo del vuelo les sale tan fácil que no sólo es factible que canten como pájaros, sino que piensan como ellos. Con el vuelo de los globos y la vista del avión Breliot que dos empresarios bogotanos exhibieron en el Parque de la Independencia con motivo de la celebración del centenario de la Emancipación de Colombia, desde ese día el interrogante que lo acosó como un tábano a las vacas, sería saber cómo podría sostenerse en el aire algo más pesado que él mismo, sobre todo las armatostes de madera. Desde ese momento, su único deseo fue averiguar cómo se vería el mundo desde arriba.
Un tiempo después, regresó a la ciudad y comenzó a trabajar a la edad de 13 años en un almacén de paños ubicado en plena Plaza de Bolívar, comenzando con labores de mantenimiento y barriendo del frente del almacén los excrementos de los caballos, mulas y burros que allí se estacionaban amarrados a postes usados como estacas. Este trabajo lo combinó con las labores de voceador de periódico entre las cuatro y las nueve de la mañana, todos los días. Logró ascender poco a poco en el almacén hasta alcanzar el empleo de vendedor de mostrador. En el mismo sentido acumuló saber y condición avanzada en la lectura, pues lo primero que hacía antes de entregar el periódico era leerlo. La lucidez que encontró en los relatos del diario, le alimentaron su capacidad de abstracción, logrando como nadie hacerse conocido de los banqueros y señores feudales de la entonces Bogotá, a quienes resultó atendiendo como vendedor de paños, porque cachaco que se respetara mandaba hacer sus vestidos sobre medidas. En los periódicos y revistas encontró la suficiente información sobre la aviación que en todo el mundo era incipiente y peligrosa; sin presiones pasionales venidas de otros lugares que no fuera su propio yo, fijó su norte en la aviación.A la casa de Hilda, donde vivía, llegó una sobrina de ella, llamada Vitalia de quien, como impacto imperecedero, se enamoró perdidamente; no obstante, para hacerse a su amor, debió sortear una fuerte enemistad que crecía con el tiempo con Ulpiano, un donjuan que no respetaba a nadie en la familia, a pesar de ser el tío del primer amor de Francisco.
Con la pericia como vendedor llegó a ser el mejor en el mostrador y por eso mereció el ascenso a vendedor mayorista; pero ahí encontró enemigos que se le opusieron de manera asquerosa en un negocio gigante en el que él debía venderle una gran cantidad de paños y telas al Ejército nacional, sin que lo lograra finalmente. Hubo muchos que se aprovecharon de su inexperiencia y el fracaso fue estruendoso, y todos sus enemigos se amangualaron, haciéndolo quedar en ridículo, y por esta razón fue echado de la compañía.
Como consuelo le quedaba haber encontrado el amor de su vida y este lo esperaba en la casa. Desocupado como estaba y con la pobreza que lo afectaba como saltador sin ley, logró hacerse amigo de Anselmo, un joven mandadero que trabajaba como aseador en el taller de Carlos Padilla, un hombre que en la localidad de Chapinero, construía –por pedido del Ejército- un remedo de avión tipo Morane, francés bastante conocido en el entonces. Allí entró a trabajar también como aseador, pero pronto su condición y conocimiento le dieron para que se convirtiera en la mano derecha de Carlos Padilla, quien ya no lo empleaba como un simple todero sino como curtidor y madurador de maderas propias para el ensamble de aviones. Entrado en confianza con el señor Padilla, éste le pidió que se fuera a vivir al taller para que dejara de perder tiempo viajando desde el centro de la ciudad en donde seguía viviendo con Vitalia con quien a pesar de querer tener un hijo, todavía no engendraba uno. Francisco Sornoza aceptó de muy buena gana venirse a vivir; pero como en la comunidad que se agrandaba y vivía en Chapinero, se preciaba de ser la más selecta en clase y categoría de la ciudad, no vieron bien que un pobre fuera arropado en una casa de este nivel; por esta razón, y como se sabía que Francisco y Vitalia no eran casados, esto causó revuelo en el barrio, y por el amancebamiento fueron echados del lugar. Con lo que no contaba Francisco fue con el respaldo tan inusitado que recibió del señor Padilla.
Todo cambió y giró en contra de Padilla y por ende de Francisco cuando el gobierno decidiera no seguir financiando este proyecto, por lo que se quedó sin empleo de nuevo. En ese momento en el que Bogotá fue atacada por la virulenta fiebre española que alcanzó a Vitalia, siendo una de sus víctimas. El mismo Francisco se aferró al féretro de su amada cuando esta iba a ser enterrada en una fosa común a donde descansaban todos aquéllos que cayeron víctimas de enfermedad tan espantosa.
Así sin futuro, sin ver un porvenir certero ni una proa que debiera seguir, Francisco decide viajar a Barranquilla, enterado como estaba por los amigos del señor Padilla de que hasta allí viajaría un aviador gringo que había sido contactado por Obregón en New York, un amigo íntimo del señor Padilla.Francisco haciendo cuentas de lo que sumaban sus gastos desde Bogotá hasta Girardot en tren, previó que podría hacerlo en mula ahorrándose una suma no despreciable, que le serviría más adelante para soportar los embates de viajar por el peligroso río Magdalena, y sí, fue una proeza impresionante que le tomaría casi dos meses hasta llegar a su destino final en Barranquilla.